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Rigidez de espalda: SENSACIÓN vs REALIDAD

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“Siento mis isquios completamente rígidos”. Esta es una expresión muy común entre deportistas. De hecho, una de las estrategias más utilizadas para solucionar este ‘problema’ suele ser el estiramiento pasivo para conseguir disminuir esta rigidez y que así desaparezca esa sensación. Pero, ¡espera!, antes de empezar a estirar los isquios como si no hubiera un mañana, deberíamos cuestionarnos si la ‘sensación’ de tener mucha rigidez se corresponde con la ‘realidad’ biomecánica tisular.

Esta es la cuestión que han intentado responder Tasha Stanton y colaboradores en una investigación recién publicada (Stanton et al., 2017):

¿‘Sentir’ rigidez de espalda refleja realmente tener una espalda rígida?

Las sensaciones corporales tienen como principal objetivo mantener la homeostasis. De este modo, si tienes la sensación de hambre intentarás comer, si tienes frío intentarás abrigarte, si sientes dolor en una parte de tu cuerpo intentarás apartarla del peligro, etc.

Los últimos años en investigación neurocientífica del dolor han evidenciado que es totalmente posible tener la sensación de dolor en una parte del cuerpo sin que ésta haya sufrido daño alguno. Por tanto, llegan a la conclusión de que el dolor no es igual a daño estructural (aunque a veces sí vayan de la mano). Actualmente se sabe que la sensación de dolor, como cualquier otra sensación, es una creación del cerebro cuyo objetivo es la protección de los tejidos corporales amenazados.

Teniendo en cuenta este conocimiento sobre el dolor, ¿ocurriría lo mismo con la sensación de rigidez? ¿podrías tener la sensación de mucha rigidez en los isquios o en una articulación que no se correspondiera con una rigidez biomecánica ‘real’?

La respuesta parece ser clara: sí. De hecho, puede existir la sensación de rigidez en articulaciones que no existen porque el miembro ha sido amputado (Haigh et al., 2003). Es evidente que la sensación es creada por nuestro cerebro y no tiene una relación directa con el estado real de nuestros tejidos corporales.

Entonces, ¿por qué el cerebro decide generar esa ‘sensación de rigidez’? Muy probablemente porque sea una inferencia perceptual de PROTECCIÓN que puede servir para reducir el movimiento y, por tanto, evitar el daño en los tejidos. De este modo, la percepción de dolor y de rigidez podrían presentar un objetivo común: la PROTECCIÓN.