La Importancia de los Factores Psicológicos en la Readaptación del Cruzado.

Aunque sabemos que una lesión deportiva puede tener consecuencias negativas en el sistema neuromotor somos menos conscientes de las potenciales consecuencias psicológicas que pueden limitar la óptima recuperación del deportista. Una de las respuestas psicológicas más comunes derivadas de la lesión es el miedo a la recidiva [1–3], aunque también se pueden producir otras como la ansiedad, depresión, frustración, tensión y disminución de la autoestima [4–10].

Estas respuestas psicológicas son mayores inmediatamente posterior a la lesión deportiva y disminuyen durante el proceso de rehabilitación, no obstante suele producirse un nuevo incremento previo a la vuelta al deporte (siguiendo un patrón de recuperación en forma de “U”)[11–13].

Si estos factores psicológicos no son detectados, abordados y solucionados se podría ralentizar considerablemente el progreso de la recuperación del deportista y retrasar la vuelta a la competición [14,15].

¿Qué papel podrían estar jugando estos factores psicológicos en el proceso de recuperación de la lesión del ligamento cruzado anterior (LCA)?

Menos del 50% de los deportistas que se operan del LCA vuelven a su nivel previo de actividad deportiva [16,17]. Además, hemos de tener en cuenta que alrededor del 30% de los deportistas se vuelven a lesionar del cruzado en los dos años posteriores a la vuelta deportiva [18].

Con estos datos es evidente que todavía necesitamos optimizar considerablemente los procesos de rehabilitación y readaptación. Por otro lado, aún no existe un criterio claro para determinar el momento adecuado para volver a la competición, el denominado “return to sport” (RTS). Por lo general se utilizan criterios como el tiempo transcurrido desde la operación, determinados test de fuerza en la extremidad inferior (isocinéticos, MVIC, RFD, etc.) algunos test específicos como los “hop tests” y/o la “calidad” de los movimientos de la extremidad inferior a través de diferentes observaciones cinemáticas [19].

La importancia de los factores psicológicos como determinantes a la hora de decidir el momento del retorno al deporte (RAD) ya se llevan planteando desde hace algunos años, principalmente aquellos relacionados con el miedo a la recidiva [2,20–23]. Aún así, poco se han tenido en consideración en los algoritmos utilizados para el RAD después de la reconstrucción del LCA.

En un reciente estudio [24] se ha observado que deportistas con mayor miedo a la recidiva tenían 4 veces más probabilidades de presentar un menor nivel de actividad, 7 veces más probabilidades de presentar una asimetría en el test de salto a una pierna y 6 veces más probabilidad de tener un déficit de fuerza en los extensores de rodilla comparado con la otra.

rendimiento deportivo

En este sentido, se ha desarrollado una nueva escala denominada “ACL-return to sports after injury” (ACL-RSI) para poder evaluar mejor el impacto psicológico del RAD después de la reconstrucción de LCA. Esta escala valora principalmente tres aspectos psicológicos que creen están directamente asociados al RAD: las emociones, la confianza/seguridad en el rendimiento y la evaluación de riesgos [25] (tabla 1).

rendimiento deportivo

En una investigación retrospectiva recientemente publicada[26], las razones principales por las que los deportistas no volvieron al deporte fueron por síntomas en la rodilla (36,7%) o por razones personales (30,4%). En relación a esta última, el 85% de los deportistas reportaron miedo a la recidiva (kinesiofobia). En esta misma línea, Flanigan y otros investigadores concluyeron que el miedo a la recidiva fue citada por la mitad de los deportistas que no volvieron al deporte[27]. Por otro lado, deportistas que volvieron a la competición obtuvieron mejor valoración en el ACL-RSI seis meses después de la operación [28].

El miedo a la recidiva puede impactar negativamente en la capacidad de resistencia del músculo [29,30] y alterar las estrategias de reclutamiento neuromuscular incrementado la probabilidad de recidivas [31–33]. Además, el miedo a la lesión también está asociado a la estabilidad dinámica de rodilla y limitación en el ROM de rodilla después de la reconstrucción del LCA [34] y la artroplastia total de rodilla [35]. Por tanto, niveles altos de miedo de recidiva pueden afectar a los déficits neuromusculares [15].

Todos estos déficits neuromotores son lógicos teniendo en cuenta también que, desde una perspectiva neurocientífica, cualquier amenaza percibida por el cerebro va a incrementar los outputs motores de protección afectando directamente al rendimiento [36]. Sería conveniente tratar de disminuir las potenciales amenazas percibidas por el cerebro si nuestro objetivo es optimizar la respuesta neuromuscular del deportista.

Hemos de ser conscientes que un deportista puede haber resuelto determinadas alteraciones motoras o síntomas de dolor pero no aspectos psicológicos como el miedo a la recidiva. Por tanto, es importante detectar y abordar el potencial miedo a la recidiva para facilitar el RAD. Entre las principales herramientas utilizadas para disminuir el miedo a la recidiva se encuentran [15]:

EDUCACIÓN: Un mayor conocimiento del proceso reduce la ansiedad [37,38].

ESTABLECIMIENTO DE OBJETIVOS: Provee dirección. Metas medibles y específicas. Percepción de incremento en la efectividad del tratamiento [6,39].

IMAGINERÍA: Reduce ansiedad, miedo a la recidiva e incrementa la confianza. Efecto fisiológico para reducir las hormonas de estrés [40–43].

DIÁLOGO INTERNO: Ayuda a los atletas a reconocer y cambiar sus pensamientos negativos [44].

EXPOSICIÓN GRADUAL: Expone a los deportistas a situaciones que pueden generar miedo para evidenciar que realmente no suponen ningún peligro para su integridad [45].

APOYO SOCIAL: Incrementando el apoyo mejoran las estrategias de afrontamiento [46,47].