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CONECTIVIDAD CEREBRAL Y LESIÓN MUSCULOESQUELÉTICA

Los avances en técnicas de neuroimagen y la aplicación de éstas al campo de las ciencias del ejercicio y la fisioterapia nos está permitiendo entender mejor la relevancia que tiene cerebro en la prevención y rehabilitación de lesiones deportivas.

Una de las lesiones más estudiadas en relación a los potenciales cambios neuroplásticos observados en el cerebro es la lesión de ligamento cruzado anterior (LCA). Casi todas las investigaciones hasta la fecha han analizado estos cambios cerebrales después de haberse producido la lesión. Es lógico pensar que cuando se produce una disrupción del ligamento se produzca también una alteración de la información en vías aferentes propioceptivas generando compensaciones motoras y una remodelación del sistema nervioso central (SNC) [1,2]. Esta situación puede derivar en errores de coordinación motora resultando en un excesivo valgo de rodilla que, sumado a la cantidad de estrés mecánico, acabe generando daños en el LCA [3].

Es posible que estos patrones neurológicos observados después de la lesión puedan estar también presentes (en parte) previos a lesión de LCA [4–6] y contribuyan al mecanismo inicial de lesión [7].

readaptación deportiva

A esta cuestión han intentado dar respuesta en una investigación prospectiva recientemente publicada [7] en la que evaluaban a jugadoras de fútbol utilizando resonancia magnética funcional (fMRI) para observar la conectividad cerebral en estado de reposo. Dos de las atletas investigadas sufrieron una lesión del LCA y comparándolas con el grupo control (8 jugadoras no lesionadas) mostraron una menor conectividad entre el córtex sensorial primario (S1) izquierdo (una región del cerebro relacionada con la propiocepción) y el lóbulo posterior derecho del cerebelo (relacionada con el equilibrio y la coordinación).

Esta es la primera investigación que analiza características específicas del cerebro que podrían contribuir a una posterior lesión, las diferentes publicaciones hasta el momento observaban cambios neuroplásticos cerebrales una vez se había producido la lesión [5,6,8–10].Valorar la conectividad funcional cerebral a través de la fMRI permite diferenciar entre grupos con diferentes patologías o capacidades de coordinación [11]. Por tanto, también podría proveer información acerca de las diferencias cerebrales que predisponen a un deportista a lesionarse del LCA.

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S1 juega un papel muy importante en el procesamiento de las señales sensoriales para guiar las acciones motoras posteriores [12], mientras que el cerebelo está muy involucrado en la estabilidad postural[13]. Si tenemos en cuenta este hecho, una menor conectividad entre S1 y el cerebelo podría afectar directamente al control sensoriomotor de la rodilla y dejarla en una situación de vulnerabilidad a la lesión. En tareas que se requieren dimensiones espaciales y temporales se incrementa la actividad cerebral y la conectividad entre regiones sensoriales y cerebelosas, mientras que la actividad del cerebelo disminuye en tareas que requieren solo una dimensión espacial[14]. Teniendo en cuenta que las lesiones del LCA se producen en situaciones donde existen ambas dimensiones (espaciales como temporales), el déficit de conectividad S1 - cerebelo observado en la investigación puede proveer evidencia preliminar de un biomarcador que predispone al atleta a la lesión del LCA (aunque todavía es necesaria mucha más investigación para corroborar estas observaciones). Hace una década ya se realizó un estudio prospectivo [15] observando que una disminución en la función neurocognitiva del deportista podría incrementar también el riesgo de lesión del LCA. En este caso, en lugar de emplear tecnología de neuroimagen, utilizaron batería de tests (ImPact) neurocognitivos creados en su momento para la evaluación posterior a la concusión cerebral. Se dieron cuenta que una disminución en el tiempo de reacción, en la velocidad de procesamiento o la desorientación espacial visual podría incrementar el riesgo de sufrir una lesión. ¿Cómo puede ser esto posible? Justo antes de que la carga llegue a la articulación (por ejemplo, al caer de un salto) se ha de producir, en poquísimo tiempo, una integración sensorial y una planificación motora compleja que pueda responder con la mayor precisión posible a las cargas impuestas sobre la articulación. Si la función ejecutiva del cerebro es incapaz de negociar rápidamente con la