top of page

Lesión del ligamento cruzado anterior


FORMACIONES READAPTACION DEPORTIVA

La lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) se ha abordado durante mucho tiempo como un problema estructural sin más, que queda resuelto con la reconstrucción quirúrgica del ligamento. La literatura actual se centra en exceso en los resultados quirúrgicos debidos

al tipo de injerto, el lugar del túnel o las estrategias de anclaje cuando igual deberíamos interesarnos más por hacer un buen post-operatorio (1). De hecho, una investigación de 2016 indicó que la vuelta al terreno deportivo depende menos del tipo de intervención y más de realizar el proceso de rehabilitación, cumpliendo criterios de progresión (2).

“La práctica actual de la reconstrucción del LCA restaura la biomecánica pero no aspectos neurales de la lesión” (3)

 

Ciertos déficits debidos a la lesión o a la operación pueden ser persistentes (4) se pueden observar incluso años después (5,6) y el hecho de que los atletas que vuelven a deportes multidireccionales pueden tener hasta 30-40 veces más riesgo de una segunda lesión (7) nos incitan a pensar que la lesión del LCA va más allá de un daño estructural.

Las alteraciones se pueden observar sólo dos semanas después de la operación y también pueden darse incluso en el lado no lesionado (6, 8, 9), por lo que simplemente comparar a nivel de fuerza con el lado no lesionado puede no ser lo más óptimo (10). Los clínicos deberíamos utilizar este criterio con precaución dado que los déficits bilaterales pueden persistir después de la lesión (11).

La lesión del LCA produce alteraciones no sólo en la rodilla, sino también en el sistema nervioso central (SNC). Por ejemplo, en el cerebro se producen cambios, proceso que se conoce como neuroplasticidad (12). La neuroplasticidad es una propiedad intrínseca de nuestro SNC, que se da durante toda la vida y que comprende cambios que pueden ser tanto positivos como negativos.

Estos cambios negativos en el cerebro, si no se resuelven, pueden ser una de las principales causas por las cuales se siguen observando déficits después de mucho tiempo. A su vez, también pueden limitar la funcionalidad y la vuelta a la participación deportiva (12).

El control de un músculo puede compararse con el freno y el acelerador de un coche. El acelerador simula la activación, mientras que el freno sería la inhibición (13). La lesión podría llevar a una alteración de este control, por ejemplo, hacia la musculatura que extiende la rodilla. El freno estaría pisado, dificultando el reclutamiento del cuádriceps (11, 14).

El cerebro también se vuelve menos eficiente, es decir, necesita más recursos para hacer una tarea determinada. En ese caso, hay menos recursos disponibles, y cuando lo llevamos al terreno de juego, donde hay que estar pendiente de muchas cosas, esto puede suponer un problema (12).

¿Y QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO PARA LA REHABILITACIÓN?

En primer lugar, la rehabilitación NO debe basarse en tiempos estip